El Festival de Narrativa y Poesía, Ojo en la tinta, es un evento literario independiente que se realiza en la ciudad de Bogotá, Colombia, desde el año 2009. Este busca encontrar y difundir nuevas voces en la literatura colombiana y latinoamericana. El festival es organizado por el Colectivo Literario La Raíz Invertida.

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sábado, 9 de mayo de 2020

Comité Editorial La Raíz Invertida



HELLMAN PARDO



(Bogotá, 1978). Entre sus premios nacionales de poesía se encuentran: Eduardo Carranza en 2010; Casa Silva en 2011; el Premio del Festival Internacional de Poesía de Medellín en 2014 y el XIX Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus por su libro Reino de peregrinaciones. En 2011 el Ministerio de Cultura le concede la Beca a la Circulación Internacional de Creadores en New York. Ha publicado: La tentación inconclusa, (2008); Anatomía de la soledad, (2013); El falso llanto del granizo, (2014); Los días derrotados, (2016); Reino de Peregrinaciones (2018) y la antología He escrito todo mi desamparo, en la Colección Un libro por Centavos de la Universidad Externado de Colombia. Su novela Lecciones de violín para sonámbulas fue publicada en 2018 por Uniediciones. Miembro fundador de la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida.
  




LAURA CASTILLO

 

(Bogotá, 1990). Abogada de la Universidad Externado de Colombia. En el año 2017 publicó su primer libro Prolongación de la Lluvia, el cual fue ganador del XX Premio Nacional de Poesía de la Universidad Metropolitana de Barranquilla. Fue mención de honor en la categoría de Poesía en el Tercer Concurso de Escrituras Creativas Cuento, Poesía y Crónica de la Red Capital de Bibliotecas Públicas – BibloRed (2014). Hace parte del comité editorial de La Raíz Invertida Editorial. Ha sido incluida en diversas antologías de poesía, entre ellas, Luz sin estribos (poetas colombianos y cubanos nacidos a partir de 1980) y Liberoamericanas: 140 poetas contemporáneas.




HENRY ALEXANDER GÓMEZ
  


(Bogotá, 1982). Magister en Creación Literaria de la Universidad Central y Licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Es director del Festival de Literatura “Ojo en la tinta”. Dirigió el Taller Distrital de Poesía Ciudad de Bogotá en el año 2018 y 2019. Ha recibido diferentes distinciones, entre ellas, el Premio Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia, el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y el Premio Internacional de Poesía José Verón Gormaz de España por el libro Tratado del alba (2016). Otros libros publicados: Memorial del árbol (2013), Segundo Premio Nacional de Poesía Obra Inédita; Diabolus in música (2014), Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía; Georg Trakl en el ocaso (2018); La noche apenas respiraba (2018) Mención Honorífica Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz y Finalista del Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura. Es cofundador y editor de la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida (www.laraizinvertida.com) y docente de las universidades Javeriana y La Salle.






JORGE VALBUENA
  


(Facatativá, Cundinamarca, 1985). Es Magister en Estudios de la Cultura con mención en Literatura Hispanoamericana de la Universidad Andina Simón Bolívar, Quito, Ecuador; Especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central; y Licenciado en Humanidades y Lengua Castellana de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Es promotor de lectura y gestor cultural.  Ha recibido reconocimientos como el Premio Departamental de Poesía de Cundinamarca en el 2008 por su primer poemario titulado Presos, el Premio de poesía de la Revista Surgente por el poemario Los arados del parpadeo (2008) y el Premio Distrital de Cuento Ciudad de Bogotá (2014). Su obra Péndulos fue reconocida con el primer puesto en el concurso Bonaventuriano de Poesía en 2010, su poema Abismos del silencio fue ganador en el concurso nacional de poesía Palabra de la Memoria y fue finalista del IV Premio Nacional de Cuento La Cueva (2014). Es autor de los poemarios La danza del caído y Pasajera de agua, publicados por El ángel editor, Quito Ecuador, 2012 – 2014, y del libro Árbol de navío, de la Editorial Cuadernos negros, Calarcá – Quindío. Artista formador en los Talleres Locales de Escritura Creativa – IDARTES Bogotá. Profesor de la Escuela de Literatura del Centro Cultural Bacatá de Funza Cundinamarca. Dirige el proyecto cultural Facatativá Literaria.





domingo, 4 de noviembre de 2012

Cinco Poetas Jóvenes




Inventario

Estas alas sobran
                      hay un cielo debajo de mí

el sol ha derretido las lágrimas
                     que sostenían mi silencio

los ciegos flotan
                        como las lágrimas que salvo

después los desvanece la llovizna.

Este miedo sobra
                          hay tumbas abiertas


el sol ha derretido las calaveras
                              que sonreían en mi espejo

los muertos saben
                             del destino de las palabras

                                      antes de la sequía

estas alas sobran
estos miedos sobran
estas sombras que escriben.


Jorge Valbuena (Facatativá, 1985)




Sobre los oficios

Incluso para ser mendigo hay que conocer bien el oficio
saber cuál es la esencia de su infortunio
buscar de los callejones el mejor espacio para resguardarse del frío
reconocerse un ser vulnerable; vestir su fragilidad de trapos viejos
ver en la mirada del otro un espejo de sus miserias.

Incluso para amar hay que conocer bien el oficio
saber cuál es la esencia de su infortunio
buscar de los callejones el mejor espacio para resguardarse del frío
reconocerse un ser vulnerable; vestir su fragilidad de trapos viejos
ver en la mirada del otro un espejo de sus miserias.

Incluso para olvidar, perdonar...
hay que conocer el oficio.


Jenny Bernal (Bogotá, 1987)




El falso llanto del granizo

I

Me enamoré alguna vez de una mujer con los pechos recién ungidos
Era el tiempo de la guerra
Ella recogía esparto
en estaciones violentas
y yo veía crecer dos o tres caídos sobre la hondura del agua
La noche en que durmió el búho cetrero
un estruendo levantó las tapias
y la trepadora
que ascendía hasta los tejados
dejó su rastro a los pies de las bisagras
Nuestra casa
una pluma en la memoria
¿Con qué adobe está hecha su voz
que aún se oye
por el derruido cielo raso?



II

Es la lágrima del ángel que se hunde entre las losas
o son los muslos de la muerte trenzando su sudario
Hay un latido sordo
un galope súbito en los azulejos del alma
¿Bajo qué baldosa ofendida
encontrar su eco de ceniza y espanto?



III

Me enamoré alguna vez de una mujer con los pechos recién ungidos en tiempos de guerra
Su piel de araucaria se vino abajo
con los muros que construimos
Mientras veía desatarse
el indómito fuego
y el falso llanto
del granizo


Hellman Pardo (Bogotá, 1978)




Hacia el crepúsculo

Entre árboles deshojados anidan sus ojos.
Su mirada se ha ido con las golondrinas.
Atardece y su cuerpo
–avidez en la memoria de mis manos–
se convierte en horizonte dejado atrás.
¿Cómo puede la frontera estar
a tus espaldas y frente a ti?
Aún con su desnudez en el tacto
advierto su ausencia.
¿A dónde va el hombre que aloja
levedad y pesadumbre en sus ojos?
Vuela de mis brazos                                                                      
donde retenerlo y liberarlo es imposible.


Leidy Bibiana Bernal (Calarcá, 1985)



El ángel negro de la isla de Kampa

Nadie lo vio entrar en su casa. Era una fría noche de Praga, era un poema tirado a la alacena.
Al principio, con el orgullo herido y las polillas sacudiéndole los trajes, se acostumbró a vivir con la noche colgando de su espalda.
Decidió el encierro porque los hombres sencillos mueren solos.
Con la pupila altamente dilatada, Vladimír Holan, entendió que las sombras viajan empedradas de palabras. La piedra oscura había regresado cargada de frutos.
En aquella casa había tanto ruido, tanta miga de pan en las esquinas.
Se dice que la luz de la ventana duraba encendida toda la noche, en el resplandor de la vela se diseminaba el diálogo del mundo.
La claridad no se hacía esperar. Nadie y todo había en él. La campana detenida por el lápiz, Hamlet conversando con las ruinas del espejo, la muerte escondida en las catedrales.
Pero los años no pasan en vano. En la pesada puerta crecía un caballo atado con alambres.
En el instante en que la voz del ángel deshizo los colores de las cosas, cuando la tierra de los cementerios colmó de cicatrices las estancias, pronunció estas palabras:
“Kateřina ha muerto. Hoy no ha venido nadie a preguntar. La casa ha ocultado, al fin, todos sus ruidos.”


Henry Alexander Gómez (Bogotá, 1982)





domingo, 28 de agosto de 2011

RAÍCES DEL VIENTO: Cinco poetas jóvenes colombianos


El colectivo literario
La raíz invertida

Invita al lanzamiento del libro:

Raíces del viento
Cinco poetas jóvenes colombianos

Jorge Valbuena - Jenny Bernal - Hellman Pardo - Leidy Bibiana Bernal - Henry Alexander Gómez 

Presentación a cargo de Federico Díaz-Granados y Julio César Arciniegas


Jueves 1 de septiembre de 2011, 6:30 p.m.

BIBLIOTECA DE LOS FUNDADORES DEL GIMNASIO MODERNO
CARRERA 9 NO.74-99
Bogotá, Colombia

Copa de vino

Entrada libre

“Como testimonio impreso o encuentro con lo nuevo y difícil, esta antología de poetas herederos y representantes de los jóvenes aires de las letras nacionales, integra la reproducción, el devenir de la experiencia poética al interrogar en sus intentos y aciertos que deberá dar reconocimiento al lector. Nos encontramos en la presencia de las revelaciones de nuestra diversidad y los inequívocos síntomas de la buena salud por la que pasan las nuevas generaciones”

Julio César Arciniegas


Arquitectura de viento

a la intemperie
siempre a contraluz

          he convertido tus muros en  ocasos
     los amaneceres son tus puertas
las ventanas sordas de la brisa

sólo el tiempo mantiene en el silencio
               la tempestad de su  reloj de arena
sólo la luz busca su orilla
           en el centro del fuego

espero desde el fondo
                     siempre a la intemperie
          en este desierto vacío donde habitas
los espejismos de un recuerdo derrumbándose


Jorge Valbuena (Facatativá, 1985)




Alquimia de un hombre

Un buen día le observas
despojándose de quien se cree es
meditabundo en su mirada de miedo
con ese aliento apagado que produce el vacío
reviviendo cadáveres;
con un credo por camino
y las grietas de sus manos
desviándose entre llagas
que tímidamente bordean su corazón.
Va  conservando su sombra
bebiendo sonrisas.
Amando
porque no hay otra forma
de conducir la lava
hacia esas tierras errabundas
y evocar del aire
el soplo
que espanta la muerte.


Jenny Bernal (Bogotá, 1987)





Entrega (fragmento)

Salvo tus orillas
cruzo tu vientre
                                   traspaso la grieta de tu piel dormida
y soy otoño árido entre tus manos.

Mírame con tus costas donde perderme es una certeza,
mírame con el latido de tus párpados.

La noche se extiende como crótalo
                                                                  por tus muslos de ciudades despobladas    
en este territorio que nos anida
                                                           a un paso de la distancia
a una distancia de nuestros cuerpos
cuerpos de ayer que son ahora
cuerpos de ahora que son actos. 

Soy corriente súbita en tu oído 
tu boca es herida intacta para mi boca
boca sonámbula que advierte tu boca
lengua decidida que predice tus súplicas.

Hay urgencia en este rostro
que te nombra
premura de franquear tus límites inesperados
el frío serpea por tu ombligo
el aire, indeciso, tantea tu abdomen

   Soy frío
soy aire
para toda tu zozobra ...


Hellman Pardo (Bogotá, 1978)





De la angustia

Desaparecer

en el canto verde
de la espera.

Desaparecer
antes de la angustia.

Desaparecer.


Leidy Bibiana Bernal (Calarcá, 1985)





Velo de noche

Vivir la lentitud
                           de la hormiga,
                           confuso
                                        en una ola de arena.
                                                  
               Entre el amor y mi sangre
               hay un silencio de pájaros,
                                    velos
                                    como mareas de hielo
                      bordados
                                       con filamentos de sal.


Alguien ha escrito mi nombre
    en
        una
               roca
                      incendiada
                    
                      con el carbón que tiñe
                                                       lentamente

                      la noche.


Henry Alexander Gómez (Bogotá, 1982) 



jueves, 19 de mayo de 2011

Jorge Valbuena

Facatativá, Cundinamarca. 1985. Es Licenciado en Humanidades y Lengua Castellana de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, promotor de lectura y gestor cultural. Obtuvo el premio Departamental de Poesía de Cundinamarca (2008) con el poemario Presos y el Premio de Poesía Revista Surgente en el marco del programa "Bogotá un libro abierto" (2008) con el poemario Los arados del parpadeo. Fue miembro del consejo de redacción de la revista universitaria de poesía El Ático. Participó en el XIV Encuentro Internacional de Poetas en Zamora, Michoacán, México. Su obra “Péndulos” fue reconocida con el primer puesto en el concurso Bonaventuriano de poesía en mayo de 2010.  Su poema “Abismos del silencio” fue ganador en el concurso nacional de poesía “Palabra de la memoria” Julio de 2010 – Universidad central. Bogotá. Coordinó el taller de creación literaria en la biblioteca pública El Tunal. 



Canto del escondrijo
“Ahogado el canto de los pájaros
descienden briznas de plumas
esquirlas de granizo.”
Jorge Rojas
En medio de la guerra
un ave construye un nido.

                     Entre cuerpos talados
delata el límite del tiempo.

Comisura de murmullos
                               un ayer que desespera.

Alarga su pico al fondo del océano
                    algo hay de cierto en ese otro paraíso
                   condenado a la muerte y los enigmas
al hedor de huellas mal hurtadas.

Silencioso y escondido
                       entre la soledad de un cielo enorme

vacío como esta hora
                    en que cae la rama
                                                y forcejean los siglos.


Sol menguante
Se acostumbra el candil
                                a perpetuarnos
secretos y olvidados
tras las nubes de humo,
ebrios de iluminaciones
               que se quieren beber
la oscuridad de las sombras.

Se dividen los llantos
                      como el sol menguante
cansado de irritarse
cansado de mirarse
siempre en silencio
arrastrando sus rayos por la tristeza
por su angustia vieja y vagabunda.

Se acostumbra el espejo a fragmentarnos
                                        en soledades inhóspitas
                 en migajas de abrigo.

Se acostumbra el misterio
a veces el tiempo
con el que justificamos nuestro vuelo
                                 en estas encumbradas estaciones.

El abismo ha rebosado sus orillas
y quedamos esperando un lugar en su episodio
una sobra de vacío
una pizca de estallido
o de oscuridad,
                          lejos del comienzo y de las partidas
en el acostumbrado ritmo
           de esta luz crujiente y roída
             que late aún
     y llovizna.



Gravitación
Al parecer el infierno es otro de mis poros
Donde pongo un poco de grafito para insultar el día
Inmolar los parásitos que desgastan el aire
Y murmurar cifras alargadas como trazos

Al parecer el insecto que hoy se ha resignado
Ha caído de un séptimo piso cubierto entre laureles
Y una soga de lluvia lo ha condenado al suicidio
Y el fiel trompetista que dentro aclama
Ha prohibido correr por el césped de esta noche
Atragantado en las últimas palabras que sopla y espanta

Y nada parece más incierto que el trazo
Que dibuja esta mano hacinada
Entre esta cárcel de amargos adoquines
Mitad turbulencia
Mitad ruina
Y aparecer en otra luna
Convencido de que es tristeza
Esa vaga luz que sortea
La mítica caída de la tarde