El Festival de Narrativa y Poesía, Ojo en la tinta, es un evento literario independiente que se realiza en la ciudad de Bogotá, Colombia, desde el año 2009. Este busca encontrar y difundir nuevas voces en la literatura colombiana y latinoamericana. El festival es organizado por el Colectivo Literario La Raíz Invertida.

lunes, 6 de febrero de 2012

Edwin Enrique Guerrero


Bogotá. 1981. Literato. Gestor cultural, fue librero  en el Centro Cultural Gabriel García Márquez. Participa en  recitales y encuentros. Su tesis de grado se titula:”La celebración del  instante en ¨ La vida Cotidiana” de Eduardo Cote Lamus. ¨Ritmo de Viento¨  es su libro de poemas en proceso de edición. Actualmente hace conferencias en Bibliotecas de Bogotá, es Miembro del Consejo Municipal de Cultura de Chía.


 ALBA CON TRENZAS

Ahora vistes de rojo
en imagen te has hecho brisa,
arrojaste todos los duendes de agua.

Se ha quemado la palabra entre nosotros
no intuimos los símbolos del mundo y
llegas en colores grises,
largos, entrelazados.

Adentro de su cénit
hay una barca que se deja llevar
A su paso está la Infancia de la noche.
Escucho rumores de un amanecer por el que pasas.



ARITMÉTICA DEL CAMINANTE

Hay en el alma una seda
se teje milímetro a milímetro
el hombre sabe
que al tener su aire
se abraza la forma.
vigía de caminos
atraviesa las ruinas
naturaleza y bravura
son álgebra de su espacio
piedra más agua más sol.

Caminante
 se va hacia el destino
merodea las calles.

Insiste en buscar la vida de otros,
pierde lentamente sus horas,
deja  huellas blancas
en los ojos como un grito.



VIENTO EN LOS LLANOS
              
El rio Meta es un lienzo de aire
la tierra se abraza a las piedras,
a la arena, vemos lejos,  advertimos
los límites del cosmos.

El cielo es océano
para restar el tiempo
del hombre.
Todo se va escribiendo
a tinta hecha con los días,
la piel se va llenando
con murmullos.

En el viento arde
 un lenguaje mayor
que las distancias
un secreto de mudanza
una victoria cuando respiro.


domingo, 22 de enero de 2012

Vanessa Ruggiero


EL ACORDEÓN DE ‘MÚSICA’ URBANA

Era insoportable. Los chillidos de niños, las voces graves de adolescentes, las colegialas practicando su Hau ar yu, los quejidos de los viejos, el llamado de ‘Próxima parada’, el traqueteo de rodillas cansadas, las toses, los estornudos, el abrir y cerrar de puertas; todos los sonidos reunidos en ese acordeón de TransMilenio.

Y mi cabeza a estallar. Hacía tiempos que no me daba una migraña tan agresiva. Estuve a punto de vomitar sentado en la rotonda.

Piufff…fff, pip, pip. Piufff…fff, pip, pip. Ruuuaaannn. Rooonnn. Reee. Ruuumuuunuuun. Ruuuaaannn. Rooonnn. Reee. Ruuumuuunuuun. Piuff…fff, pip, pip. El sonsonete del bus retumbaba en mis piernas. Estuve a punto de gritar sofocado. Pero, ¿de qué serviría?

A un muchacho le dio por mecerse en el acordeón: Cling, clung, cling, clung, cling, clung, como si fuera el resorte de un colchón. Me ahogaba entre los ruidos grises y el dolor. Todo gracias a la maravillosa idea del día Sin Carro o dizque el día del Aire Limpio.

¡Ja! ¿Qué aire limpio se respira en ese aparato a las 6 de la tarde? ¿Qué tiene de saludable estar apretado con la sinfonía de ruidos ensordecedores? ¡Ayyy!

No, no, no, no, no. Como si no fuera suficiente a otro por allá le dio por escoger el mejor tono para su celular. Tunturutututurún, turí-rú-riru, tunturutututurún, turí-rú-riru, Plinpiriripliplín tirú-riru, plinpiriripliplín tirú-riru, Firuriruriru-ronronron, firuriruriru-ronronron. ¡Hubiera querido tomar el teléfono y pisotearlo hasta que no sonaran ni los contactos electrónicos! Squash, squash, shhhs, shhha, sjjash. Shhhs, pshhhss, pshhhs, pshhhs. ¡................................!

Piufff….ffff, pip, pip. Piufff….ffff, pip, pip. Ruuuaaannn. Rooonnn. Reee. Ruuummmuuunnnuuuun.  Piuff…fff, pip, pip.

Pró-xi-ma pa-ra-da, Santa Isabel, dijo una voz metalizada, al tiempo que recé:
“¡Oh Santa! Ayúdame. Que el dolor desaparezca, que se vaya de pesca a otra cabeza, que tome por sorpresa a otra testa, que me deje tranquilo y no resuene entre mis venas. Bendita entre las mujeres, que no me sigan cayendo mal las copitas de jerez, no permitas que el zumbido de la ciudad me ensordezca. ¡Silénciala! Ponle ‘mute’, dale mate o quítame las orejas”.


jueves, 12 de enero de 2012

Saúl Gómez Mantilla


Cúcuta, Colombia - 1978. Profesional en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia.  Se desempeña como asesor en Promoción de Lectura.  Ha obtenido los siguientes reconocimientos: Premio Estimulo a la Joven Poesía Colombiana, convocado por la revista Prometeo en el marco del XI y XVI Festival Internacional de Poesía de Medellín, 2001 y 2006, con sus libros Ideas de Viaje  y Lección de Olvido.  Postulado por Colombia ante la UNESCO al Premio Mundial de Poesía Puentes de Struga de la República de Macedonia, con su libro Rostro que no se Encuentra. 2010.



De las palabras extraviadas

El poema que se pierde en la noche
un tejido de palabras
entre la algarabía y el tedio
para los libros que nunca llegan.



Lo relativo

Si al escuchar los golpes
no hubiese abierto la puerta.

Si el alcohol
no hubiese tocado la boca

¿La felicidad tendría otro rostro?

¿Otro cuerpo espantaría la noche?



De los sonidos

La música como un ladrido
miedo ante un pasillo
que crece a cada paso.

La música como una pérdida
un cuerpo que se descompone
huida entre miradas que condenan.



Tatik Carrión


    Gestora Cultural, escritora y docente. Directora del Encuentro de Escritores "Fuerza de la Palabra".
    Difunde el trabajo literario y artístico de jóvenes y maestros colombianos por medio del Programa Radial Tertulia Poética y de la Asociación Zona de Arte Alternativo.
    Algunos de sus textos han sido publicados en diferentes antologías. Actualmente prepara la publicación de su primer libro que reúne poemas y cuentos cortos.



EN EL GRANERO

A Antonino Ramos y a mis hermanos y primos,
compañeros de los juegos que nunca gané.

Hace muchos años murió mi abuelo. Vivía en esta casa gigante de madera que traqueteaba con cada paso y con cada cosa: con el sol, con la lluvia, con mis pasos bruscos y con sus pasos suaves cuando él, espiaba a mi abuela en el tocador.

Aquí crecimos todos. Aquí y en el granero. Claro, el granero. El lugar de las pesadillas por donde corríamos todos con sudaderas idénticas pero de diferente color mientras jugábamos a las escondidas.

―Dieciocho, diecinueve, ¡veinte!... ¿Ya? ¡Salgo a buscar!

Los ojos brillantes en la oscuridad. La respiración de todos como un eco danzante. Los pasos del buscador hacían que el frío se me metiera por los oídos y me zumbaran los miedos. “¿Qué tal que no me encuentren? ¿Y si mis hermanos se van y me dejan sola? ¡Ay no! ¡En el granero asustan!”.
Pasaban los minutos y nada de nada. Poco costaba decir: “¡Estoy detrás del molino viejo... donde hay una mesa llena de cajas, de herramientas y trapos…! Pero así no era el juego, había que esconderse y escuchar al silencio señalándome y haciéndome recordar los pequeños robos con mi amigo imaginario. Los nervios me hacían dar ganas de orinar... me voy a orinar, me voy a orinar, pensaba una y otra vez”.

―¡Un, dos, tres, por Orlando que está detrás del tractor!

―¡Un, dos, tres, por César que está detrás de la puerta café!

A Sandra y a mí, no nos han encontrado... ella está con Raúl en el cuarto de las herramientas del abuelo. Afuera se escucha la música y las carcajadas de los tíos. Es diciembre. Me gusta diciembre porque vienen todos mis primos y jugamos y reímos.

Mis tíos toman cerveza y bailan. Mi abuela cocina generosamente y mi abuelo, conversa con mi papá y algunos tíos. Hace un rato lo vi reír. Cuando sea grande, quiero aprender a bailar, para invitarlo a la pista que es la sala de la sala de su casa; además porque él cumpleaños el 31 de diciembre…Todo está oscuro y pienso en mi hermanito, es un bebé que debe estar con los otros bebés tratando de dormir con este ruido. Bueno, por lo menos él se puede mover y hablar; en cambio yo acá, con miedo y ganas de orinar detrás del molino viejo que huele a óxido, a metal y a tiempo, sin poder mover la cabeza y cerrando los ojos. No sé para qué los cierro. Tal vez pienso que así ayudo a la oscuridad a hacer sombra. ¡Me voy a orinar!”.

―¡Un, dos, tres, por Sandra y Raúl que están en el cuarto de las herramientas!

Solo falto yo. ¿Por qué mi hermano no me encuentra? ¡Acá estoy! Por aquí atrás… en el hueco. Susurran. Los escucho hablar suavecito y reírse, creo que mis primos le están revelando mi guarida a Giovanny…pero él sigue de largo y no me ve. ¡Ay no! ¿Qué hago? ¿Qué tal si me muevo para darle una pista? ¿O si mejor gano el juego? Pero es que... yo nunca he ganado...Ay, Dios, me voy a orinaaarrr, ya no aguanto… me asfixio. El molino me quita el aire y su olor se mete por mi nariz para hacerme llorar por los recuerdos... mejor voy a mover el molino, ¡aunque está muy peeeeesaaaaaadoooo!

El estruendo fue tremendo. Mis primos y hermanos, corrieron como locos escapando de las benditas almas del granero. Quedé sola en medio del silencio y perdí de nuevo…


Ahora que he vuelto, y cuando el granero solo es un lote baldío sigo con la misma pregunta de siempre: ¿Mi abuelo habitará este lugar que todos hemos perdido?




Betsimar Sepúlveda


Nacida en Maracay estado Aragua-Venezuela (1974). Es técnico superior universitario en publicidad y mercadeo, pedagoga, cursa actualmente Literatura en la Universidad Autónoma de Bucaramanga y Gerencia en comunicación y cultura en la Universidad de Córdoba-Argentina. Fue editada por primera vez en la antología poética “dragones de papel” merecedor del premio nacional a obra prima (Venezuela 2.004) tiene en su haber dos obras publicadas: “Ruta al vientre azul” (Venezuela 2.004) y “Cadáver de lirio” (Venezuela 2.007). Ha sido invitada a participar en diferentes festivales de poesía en Venezuela y Colombia. Es colaboradora permanente de revistas literarias en Argentina, Chile y Venezuela. Actualmente reside en Bogotá Colombia, donde imparte talleres de creación poética.


La mujer lleva por sombra una serpiente
va tras el desangrado fruto
colgado en el nicho del hombre
entre el bien y el mal
juega un dios expulsado de aquel paraíso
nacido  al filo del primer bocado



Mientras el hombre se empeña
en domesticar galaxias
parcelar a golpe de sangre la franja mediterránea
ganar la copa Libertadores
o llevar el pan que amorosamente
callará el hambre de sus hijos
yo sigo aquí...
...viendo girar este L.P de Chavela Vargas
con la terca rotación
que hace mi corazón sobre tu eje imaginario




De cerca  tu desnudez es casi cotidiana, casi única
en algún momento del día se florece y entonces
juega a perderse bajo mi mano que no alcanza a tocarte
si te miro de lejos, lo suficiente para ofender la tibiez
te recoges en una sola caricia…en círculos de agua y de sonidos
te deshaces, te anegas
reinventándolo todo…
¿y yo qué haré con esta leve bastedad  en mis manos?
Te concurre  un obelisco de amapolas
un avizor de constelaciones táctiles
un relámpago que reclama su terredad,
y la vanidad de poder morirte en este instante.
Podría reducirte  a un átomo de ternura
podría girar locamente en tus bosques de anillos seculares
o simplemente
quedarme en el sonido lentísimo de los ríos de Neil Young
para extender tu desnudez como llanura impúdica y pródiga...
...y sobre ella yo
como un corolario de tu paisaje retráctil
yo,  la prolongación cósmica de tu desnudez.



lunes, 26 de diciembre de 2011

Robert Max Steenkist

(Bogotá, 1982) Estudió literatura en la Universidad de los Andes de Colombia e hizo una maestría en estudios de Publicación  en la Universidad de Leiden, en Holanda.
Ha trabajado para la Subdirección de Libro y Desarrollo en el Centro Regional parael fomento del Libro de América Latina y el Caribe (CERLAC-UNESCO), en la Universidad de los Andes y en el Colegio José Max León.

Su libro de cuentos Caja de piedras fue publicado por la editorial El Astillero en el año 2001. Su poemario Las excusas del desterrado fue publicado por la editorial Común Presencia en el año en el año 2006. Sus textos y fotos han sido publicados en Colombia, y en países como México, Grecia, Argentina, Puerto Rico, Venezuela, Estados Unidos, Holanda y Alemania.


Divorcio del astrónomo
                                                Para JRMG

Soñé,
te conté un día, el polvo de nuestras manos,
con un marino que perdía las estrellas
a causa de la ceguera
y que,
ya viejo y loco,
inventaba constelaciones para su noche eterna.

El brillo de las estrellas
es una noticia tardía, me dijiste,
esa luz que vemos no es sino un navío
de jaulas doradas
que guardan especies muertas.

La luz que vemos son estrellas muertas.

En su viaje silencioso a través de la nada
la luz se vuelve mentirosa
pues no se entera de que su puerto se ha extinguido,
hundido en las corrientes del infinito.

Las estrellas no merecen nombres,
convenimos al despedirnos para siempre.
Nos han mentido.

La explosión de su origen
y el pálido reflejo
que titila en nuestras noches
es un malabarismo del espacio,
un engaño de milenios.

Todas han de extinguirse de repente.
Vencerán la distancia que le sacó nuestra ilusión
y dejarán en claro
nuestra falta de bendiciones.


Canción de las tablas

Los peones son campesinos
de manos duras,
reclutados a la fuerza por dos ejércitos contrarios.

Sin conocer lo que los enemista
contra unos de análoga condición
son dispuestos
en la primera línea de fuerza,
carne de cañón o débil escudo contra las lanzas adversarias.

Al otro lado de la planicie
Sobre la cual se jugarán su suerte de autómatas sin gracia
aguarda la sombra de un grupo exacto de combatientes:
sobresalen las crestas desafiantes de los alfiles
que cruzarán el tablero con certeza de flecha
para derribar un jinete o impactar en su carrera la columna madre de una torre.

Los tocados de la reinas
aventajan todas las otras figuras del ejército.
Dueñas de todas las tácticas
de sus regimiento, sólo
evitan atacar como los picadores,
pues montan, según los protocolos de la corte,
sentadas con ambos pies hacia un solo lado.

Desde su altura privilegiada
ellas contempla a sus peones:
los pies descalzos de sus lacayos,
o las botas de madera, en el mejor de los casos,
abrirán la planicie,
activarán las bombas enterradas
y darán una vía segura a combatientes más sofisticados.
Sobre sus restos avanzarán
garitas
corceles acorazados o tanques
esbirros de pies alados
todos buscando la cabeza del soberano oponente.

Dos peones se encontrarán
frente a frente
en un punto insignificante de la batalla.

Intercambiarán sablazos torpes
golpes de martillos despicados
balas ya usadas
gritos inofensivos
mientras en otro frente
fichas más vigorosas
precisan el destino de la guerra.

Tarde o temprano
nuestra pareja de anónimos
entenderá que
ambos serán excluidos
de las listas de los héroes.

Bajarán las armas
cuando reparen que son el vivo reflejo del que combaten.

Cansados, pactarán no avanzar más:
por sus manos no se resolverá
ninguna guerra,
por su sacrificio no se le dará gloria a ningún nombre.

En un pacto de miradas idénticas
ambos encontrarán cabida
en la victoria silenciosa
que tantos llaman cobardía.


A una desconocida

Por sus pasos afanados
Señora
pude saber que usted incluye dentro de su rutina
un desvío en el camino hasta su casa:
visita un par de sangregados
que resiste el avance de los edificios.

La conmueven
ya lo sé
las tórtolas picoteando
los suelos buscando en vano las semillas
con insistencia de arqueólogos testarudos.

Cierto brillo que noté en su huida
me dijo que usted espera
con ansias
las caídas de la tarde,
cuando por esta ciudad se posan las sombras de occidente
y lo reviven todo con su rojo pasajero
que nos hace sentir cerca del mar.

Al pasar junto a mí
y seguir de largo como una risa de venados
usted me dejó saber
que se pone a temblar
cuando recuerda una cabeza hundida entre sus piernas
y los gritos que ahogó
para no dejar de flotar sobre los techos de lata
y todos los pantanos.

De la mano delgada
que marcó con firmeza el afán de su carrera
pude concluir que a usted también
le duelen los desplazados
y que en sus callos ablandados por limosnas
también ve usted
la agonía de un país
que no se sabe su peor enemigo;

tampoco ha dejado usted de pensar en los que secuestraron
que tienen que cargarse los unos a los otros por entre las ramas
y cuya piel manchada se escurre entre los huesos
y las cadenas
pero

¿qué hacemos si la selva queda tan lejos
si de este país también se puede hacer un repertorio infinito de milagros?

usted también ha notado
que la mafia y el poder
la guerra
en fin.

Un relicario
que asomó de su escote
me dijo de insomnios
que usted dedica a la persona desconocida
que duerme a su lado.
Que reza,
que busca en la blanca cara de su techo
una excusa para sentirse de este mundo
y no una más cuyos miedos
y alegrías pasajeras
alimenten a la nada.

Antes de que se perdiera entre la gente
oí desde su cartera
sonares y clamores metálicos,
una banda marcial en miniatura:
espejos como conchas que riman
con las cuentas por pagar,
un perfume que cierra y ennoblece
el ritual de sus salidas.

Y quise oír de todas sus estrategias,
de lo que la motiva
a escalar todas las mañanas
por estas calles y sus charcos
y de cómo combate usted
todo lo perdido.

Pero la tarde no nos dio
para interrupciones:
sus sangregados ya se adornan con el ocaso
y se vuelven dignos como mártires.
El rubor suyo ya enmudece para llegar a casa
y dejarla ser la de todos los días,
la misma anónima
que viaja por las ajeas corrientes
de la vida de semanas amansadas.

Señora:
deseo
que ese destino
que sólo nos dio para alejarnos
aterrice al fin en alguien que sepa
qué hacer con la materia de sus silencios,
esa misma que hoy la convierten
en un poema que la sigue entre las sombras
y todos los pasos avanzando hacia la noche.