El Festival de Narrativa y Poesía, Ojo en la tinta, es un evento literario independiente que se realiza en la ciudad de Bogotá, Colombia, desde el año 2009. Este busca encontrar y difundir nuevas voces en la literatura colombiana y latinoamericana. El festival es organizado por el Colectivo Literario La Raíz Invertida.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Cinco Poetas Jóvenes




Inventario

Estas alas sobran
                      hay un cielo debajo de mí

el sol ha derretido las lágrimas
                     que sostenían mi silencio

los ciegos flotan
                        como las lágrimas que salvo

después los desvanece la llovizna.

Este miedo sobra
                          hay tumbas abiertas


el sol ha derretido las calaveras
                              que sonreían en mi espejo

los muertos saben
                             del destino de las palabras

                                      antes de la sequía

estas alas sobran
estos miedos sobran
estas sombras que escriben.


Jorge Valbuena (Facatativá, 1985)




Sobre los oficios

Incluso para ser mendigo hay que conocer bien el oficio
saber cuál es la esencia de su infortunio
buscar de los callejones el mejor espacio para resguardarse del frío
reconocerse un ser vulnerable; vestir su fragilidad de trapos viejos
ver en la mirada del otro un espejo de sus miserias.

Incluso para amar hay que conocer bien el oficio
saber cuál es la esencia de su infortunio
buscar de los callejones el mejor espacio para resguardarse del frío
reconocerse un ser vulnerable; vestir su fragilidad de trapos viejos
ver en la mirada del otro un espejo de sus miserias.

Incluso para olvidar, perdonar...
hay que conocer el oficio.


Jenny Bernal (Bogotá, 1987)




El falso llanto del granizo

I

Me enamoré alguna vez de una mujer con los pechos recién ungidos
Era el tiempo de la guerra
Ella recogía esparto
en estaciones violentas
y yo veía crecer dos o tres caídos sobre la hondura del agua
La noche en que durmió el búho cetrero
un estruendo levantó las tapias
y la trepadora
que ascendía hasta los tejados
dejó su rastro a los pies de las bisagras
Nuestra casa
una pluma en la memoria
¿Con qué adobe está hecha su voz
que aún se oye
por el derruido cielo raso?



II

Es la lágrima del ángel que se hunde entre las losas
o son los muslos de la muerte trenzando su sudario
Hay un latido sordo
un galope súbito en los azulejos del alma
¿Bajo qué baldosa ofendida
encontrar su eco de ceniza y espanto?



III

Me enamoré alguna vez de una mujer con los pechos recién ungidos en tiempos de guerra
Su piel de araucaria se vino abajo
con los muros que construimos
Mientras veía desatarse
el indómito fuego
y el falso llanto
del granizo


Hellman Pardo (Bogotá, 1978)




Hacia el crepúsculo

Entre árboles deshojados anidan sus ojos.
Su mirada se ha ido con las golondrinas.
Atardece y su cuerpo
–avidez en la memoria de mis manos–
se convierte en horizonte dejado atrás.
¿Cómo puede la frontera estar
a tus espaldas y frente a ti?
Aún con su desnudez en el tacto
advierto su ausencia.
¿A dónde va el hombre que aloja
levedad y pesadumbre en sus ojos?
Vuela de mis brazos                                                                      
donde retenerlo y liberarlo es imposible.


Leidy Bibiana Bernal (Calarcá, 1985)



El ángel negro de la isla de Kampa

Nadie lo vio entrar en su casa. Era una fría noche de Praga, era un poema tirado a la alacena.
Al principio, con el orgullo herido y las polillas sacudiéndole los trajes, se acostumbró a vivir con la noche colgando de su espalda.
Decidió el encierro porque los hombres sencillos mueren solos.
Con la pupila altamente dilatada, Vladimír Holan, entendió que las sombras viajan empedradas de palabras. La piedra oscura había regresado cargada de frutos.
En aquella casa había tanto ruido, tanta miga de pan en las esquinas.
Se dice que la luz de la ventana duraba encendida toda la noche, en el resplandor de la vela se diseminaba el diálogo del mundo.
La claridad no se hacía esperar. Nadie y todo había en él. La campana detenida por el lápiz, Hamlet conversando con las ruinas del espejo, la muerte escondida en las catedrales.
Pero los años no pasan en vano. En la pesada puerta crecía un caballo atado con alambres.
En el instante en que la voz del ángel deshizo los colores de las cosas, cuando la tierra de los cementerios colmó de cicatrices las estancias, pronunció estas palabras:
“Kateřina ha muerto. Hoy no ha venido nadie a preguntar. La casa ha ocultado, al fin, todos sus ruidos.”


Henry Alexander Gómez (Bogotá, 1982)





martes, 25 de septiembre de 2012

Talleres de Poesía y Narrativa para Nuevos Escritores



Talleres de Poesía y Narrativa para Nuevos Escritores

Como preámbulo a la versión número 4 del Festival de Poesía y Narrativa Ojo en la Tinta, el Colectivo Literario La Raíz Invertida invita a los talleres de creación literaria Ojo en la tinta (2 talleres de poesía y 2 talleres de narrativa).

•           TALLERES DE POESÍA:

“Iniciación al Infierno Musical”

Biblioteca Pública Suba Francisco José de Caldas, JUEVES, 5:30 p.m. (Del 4 de octubre al 6 de diciembre).

Biblioteca Luis Ángel Arango, MARTES, 5:00 p.m. (Del 25 de septiembre al 4 de diciembre)


•           TALLERES DE NARRATIVA

“Coordenadas de La Ficción”

Biblioteca Pública Parque El Tunal, LUNES, 4:00 p.m. (Del 24 de septiembre al 3 de diciembre)

Biblioteca Pública El Tintal Manuel Zapata Olivella, VIERNES, 4.30 p.m. (Del 28 de septiembre al 7 de diciembre)

Los talleres NO TIENEN NINGUN COSTO

ORGANIZA:

Colectivo Literario La Raíz Invertida – Festival de Poesía y Narrativa Ojo en la Tinta


CON EL APOYO DE:

Banco de la República - Biblioteca Luis Ángel Arango
Red Capital de Bibliotecas Públicas - BibloRed
Red Nacional de Estudiantes de Literatura y Afines – REDNEL Colombia
Ministerio de Cultura – Leer es mi cuento 2012


Informes:
ojoenlatintatalleres@gmail.com
laraizinvertida@hotmail.com






Festival de Poesía y Narrativa Ojo en la Tinta


martes, 22 de mayo de 2012

Carolina Dávila


Bogotá, Colombia (1982).  Abogada de la Universidad Externado de Colombia.  Fue editora de la Revista Cultural Somos “Libertad bajo palabra”. Ha sido incluida en antologías en Colombia, México y Venezuela, sus poemas y reseñas han sido publicados en revistas de Colombia y Chile. Fue corresponsal en América Latina del proyecto de difusión literaria Los Impresentables. Con su libro “Como las Catedrales” ganó el Premio Nacional de Literatura – Poesía 2010, del Ministerio de Cultura.




CON LA LLUVIA NO PENETRAN OTRAS AGUAS

Yo amaría a esa mujer que deambula
por un desierto de noches heladas
mientras le llegan los rumores de algún puerto
pero no rompen ellos su silencio
ni suavizan los surcos
que el dolor trazó en su cara

La amaría porque no se doblega
porque con la lluvia no penetran otras aguas

porque su cuerpo se abre ahí
donde a la primavera no le alcanza




***



FRENTE a la flor casi marchita
la niña suplicó a su madre:

“No la cortes, déjala morir entre la tierra,
pues lo que yo he cuidado
no son sus pétalos, sino sus raíces negras”



De Como las Catedrales (2012)


***

AQUÍ y allá

            la dificultad nos emparenta

Esas ganas de oponernos
como quien insiste vencido,
en prender el fuego después del aguacero

En apilar leña
y raspar con las uñas la corteza
esperando encontrar
en su corazón seco
el origen del incendio




Santiago Espinosa



(Bogotá, 1985) Crítico y periodista. Profesor del Gimnasio Moderno de Bogotá. Egresado en Literatura (2009) y Filosofía (2010) de la Universidad de los Andes. Ha escrito artículos y reseñas para medios como Alforja y La otra, de México, Revista Poesía, de Venezuela, la Revista Casa Silva, El espectador, El Tiempo y La Hoja de Bogotá, del que fue jefe redacción hasta su desaparición, en 2008. Escribe habitualmente para la revista Arcadia desde el año 2007 y mantiene un blog quincenal sobre poesía y crítica en www.hojablanca.net que se titula “Correos del diablo”. Es el encargado de las labores de difusión y divulgación de la temporada de Ópera de Colombia.
Poemas y ensayos suyos han aparecido en diversas antologías de Colombia y del exterior. Los ecos, su primer libro de poemas, fue publicado por Taller de edición en Mayo de 2010.


I


Sientes su voz                     Al fondo
Entre el silencio de los tallos.
Como un eco de mareas que ahora vuelve
Y te reclama detrás de la hierba.
En la ventana.

¿De dónde estas imágenes
Quebradas en secreto?
¿La amarga deriva
Cuando ignoras la calle
Y miras a lo alto?

Un mar te espera
En su amplitud de brazos.
Abriéndote campo acercándote
Las sombras de una danza usurpada.

Las naves quemadas se alzan al poniente.
Abren sus velas hacia el vértigo.




DISPARO

O sonará un tiro y él pensará: Me he matado…
O sonará un tiro y él pensará: ¡Soy un asesino!
Vladimir Holan

Verte de lejos.
Con el revés de los ojos.

Reencontrarse en la tierra blanda
y en las voces de la niebla.

Sólo un disparo
que dispersa los pájaros.

Un solo disparo.

Y en los labios toda la sal de los naufragios
que nunca se cumplieron.




LA ARENA Y LOS OLVIDOS

Quien se habita es el desierto:
su soledad es nuestra.
Carlos Obregón.

Se han reunido tus recuerdos
sobre el blanco de una imagen,
pidiéndote cuentas.
Qué de esto es tuyo y qué de los otros.
Dónde comienza el dolor de los demás.

Tanteando en torno, como sonámbulo,
buscabas la secreta conexión
entre tu voz y las cosas.
Espejos olvidados en las calles desconocidas.
Marca de ruinas en tus propias nostalgias.
Te preguntabas por la herida de una herencia
-deuda adquirida, lento derrumbe-,
cuando al final de los caminos y las rondas
no había nada por comprender,
y así te fuiste habituando a tu labor de escribano,
en el fulgor de las cosas perdidas.

Había que construir para perder.
Darle la vuelta a la comparsa
para quedar tan solo como al principio.
Había que alzar una escalera a lo invisible
para aprender a derribarla después.
Se abrió la puerta, y ahora miras lo tuyo
en el silencio de lo informe,
pariente de un misterio perpetuo.

Crearte sobre el polvo de tus derrotas personales,
tu palabra se volvió una dolorosa resistencia
para hilar olvidando.
Reírte de tus propios fantasmas en su vocación
de aparecer, repetirse sin remedio,
e irse por la última de las puertas
sin nunca haber estado plenamente.

¿Y tu, buceador, qué es lo que buscas,
cuál fue dolor que se perdió en el fondo,
contra cuál arrecife estallarás los nervios
en tu afán de claridad?

Deja que los muertos se concilien con los muertos.
Que el viajero que no fuiste se realice entre los suyos
y que nunca regrese,
que el estudiante y la señora de sombrero vuelvan a cometer
las mismas equivocaciones,
que la víctima se cruce por la calle con su propio verdugo
y que no se reconozcan.
Sombras o fantasmas, unos y otros pasaran.
Afuera de las márgenes sigue ocurriendo en calma
la fiesta de los vivos.

Aprender a mirar, verse en lo otro como otro.
Cantarle a los árboles
para librarse del odio.

¿No oyes la música que envuelve
las montañas en su acenso,
en la balanza de los senos, los bares,
la música que avanza entre nosotros
sin miedo o rencor, afuera o adentro?
¿Un país velado
sin palabras o imágenes
que encubran su milagro?

Escúchala en silencio, no mires para atrás.
Esta y no otra era tu historia:

el tiempo contemplado en las dunas de la arena,
soñando en la espuma. El lento madurar
de los desiertos sin límite.